PonteWordCamp. Por un cachito de pizza

Pues sí, en la comunidad de WordPress de Pontevedra somos así. De vez en cuando nos venimos arriba y organizamos un fin de semana de frenética actividad para disfrutar de un trozo de pizza rodeándonos de buena gente.

Hace un año, al acabar PonteWordCamp 2018, que me ofrecí, con todo, para formar parte del, equipo no, EQUIPAZO de organización de WordCamp Pontevedra 2019. Y es que no creo que esto saliese tan bien sin el trabajo y compromiso de todos y cada uno de nosotros.

Éramos como hormigas, cada uno por su lado (muchas veces eché de menos tener algo más información de cómo iba el trabajo en general), pero estaba seguro de que todo acabaría entrando en el hormiguero.

También gracias a los voluntarios dedicados que no paraban de aquí para allá buscando donde echar una mano y a los que casi hasta les parecía mal si les pedías que se relajasen.

Organizadores y voluntarios de WordCamp Pontevedra 2019
Los organizadores y voluntarios de WordCamp Pontevedra 2019.

Y como no, a los patrocinadores. Si nosotros ponemos las ideas y el trabajo, ellos ponen gran parte de los recursos para hacer una WordCamp posible. Están ahí, en sus mesas, hablando con quien decide preguntarles cosas, dando un toque de color con sus roll-up, repartiendo pegatinas, bolígrafos, calcetines…

Para mí

Ha sido mi primera experiencia organizando algo tan grande y espero repetir. Era, además, el nuevo en el equipo. En más de una ocasión me surgían dudas sobre qué tenía que hacer o, sobre todo, cuál sería la manera más adecuada de hacerlo con respecto al cómo se quería hacer.

Han sido, para mi, unas semanas, como montañas rusas: unos días sin tiempo para nada, y otros en los que parecía que el tiempo no acababa de pasar. Con estrés, pero con la seguridad de que todo iba a salir bien. Como dijo Juan «El año pasado al final no se murió nadie…».

Un par de meses, o tres, antes de la WordCamp…

«Tengo un trabajito para ti. Si quieres, claro. Es algo sencillito, no te preocupes. El año pasado, nos quedamos sin vasos y bla, bla, bla…» Comenzando con algo bastante parecido a esto, Juan Hernando me permitía subirme al barco de la WordCamp del pulpo.

Iba pasando el tiempo y no sabía muy bien qué estaba ocurriendo, no había noticias. Sabía que ya se estaba moviendo el tema del cátering, de los ponentes, de los voluntarios… Pero no tenía muy claro que debía hacer yo. De vez en cuando, hacía listas de cosas: vasos, cortapizzas, carteles de aseos, carteles para las jarras de café, de agua, de leche… cualquier cosa que oía que podría fallar, lo apuntaba. José Luis me decía «Relájate. Juan ya te pondrá a trabajar.».

Me tocaba, también, organizar el día del contribuidor. Bueno, sin más, me hacía mis listas y tal, quería traer las mesas más comunes: traducción, diseño, wordpress.tv, marketing, soporte. Pero quería, traer algo más. En Madrid había visto las mesas de plugins, core, temas… y quería tener algo así en Pontevedra y atraer a contribuir a perfiles más técnicos. Ayudando así a lograr la meta de superar los cien contribuidores.

En una reunión, más o menos informal, decidimos que había que hacer «cartelitos». En principio, le iba a pasar una lista a Lúa, diseñadora oficial del evento, pero me puse a juguetear con inkscape y vi que me salían cosas bastante decentes, quizás, si Lúa daba el visto bueno, podría ir adelantando trabajo. Y así fue.

Los email que escribí a quienes fueron líderes de mesa, estuvieron varios días en borradores. Les dí mil vueltas, no tenía claro cual era el tono con el que debía dirigirme a esas personas a las que, aunque ya eran conocidos, les iba a pedir que apurasen la hora de volver a sus casas a cientos de kilómetros de Pontevedra.

Conseguir líderes para la mayoría de las mesas no supuso mayor problema. Me quedé con las ganas de una mesa de core aunque conseguí incorporar a Joan Artés a la mesa de comunidad. Y, finalmente, Javier Casares lideraría una mesa de hosting y seguridad. No miento si digo que no tenía nada claro si iba a funcionar esta última mesa. Pero, en los días previos, me tranquilizó mucho saber que algunas personas tenían interés, o al menos curiosidad, por esa mesa.

Conseguir contribuidores

Tenía que promocionar el día del contribuidor. Hoy, sigo creyendo que esto es lo más difícil. ¿Cómo haces que gente que nunca ha estado en la comunidad de WordPress «madrugue» un domingo para venir a contribuir? ¡Seguro que había gente que no sabía qué era!

Había que atacar a lo personal, a la parte humana de la comunidad de WordPress. Si había suerte, estarían reblandecidos y con las defensas bajas después de estar sumergidos todo el día entre tanta gente tan dispuesta a compartir. Volví a escribir a los líderes de mesa pidiéndoles una frase de lo que significaba para ellos el día del contribuidor. La idea era poner esas frases, a modo de cita intentando resaltar el lado humano del contributor.

Se acerca el día

Los días previos fueron un poco de locura. Preparar los welcome pack ir a la meetup de Vigo a aprender sobre plugins de Tellado, que si yo voy, que si yo no voy, que si llevas tú el coche o lo llevo yo…

El viernes, mientras seguíamos con las bolsas, las camisetas y el merchandising aparecen por la universidad Jaime Gármar (La voz de Dios, según José Luis) y Ana Cirujano. Si no llegan a haber aparecido, igual ni hubiésemos comido ese día. Ellos habían quedado. Nosotros, nos unimos al resto de la tropa para acabar comiendo en el mercado.

Me perdí la meetup 🙁

Ya con energías recuperadas volví, con José Ramón Bernabeu, a la universidad. Todavía quedaban muchas bolsas que preparar y a las seis de la tarde tenía que acercarme a llenar de flechas la facultad de bellas artes para que quien quisiese ir a la meetup «Emprende con WordPress» no se perdiese en los pasillos. Es extraño, porque no hay muchos pero en dos de las tres últimas, me encontré con personas que llevaban varios minutos sin saber hacia donde ir.

Llegaron las seis y allá fui.

Cuando terminé empapelar con flechas la facultad, con la ayuda de Sabela, no pude quedarme a ver ese gran comienzo del que todos hablam, tenía que ir a la estación a recoger a un amigo que se convertiría en voluntario involuntario de PonteWordCamp. En cuanto bajó del autobús fue automáticamente reclutado para seguir haciendo bolsas hasta la hora de la cena.

La cena de ponentes

Bueno, llegué tarde, para variar, directamente de preparar bolsas y fui a la primera mesa que me encontré. Doritos con guacamole, melón con jamón (sin jamón)… ¡Qué qué raro me parecía aquel menú! Muy rico, pero raro… Instantes más tarde leo «Menú vegetariano», ¡mmmeeeee cachis!

Me di la vuelta para ir a la siguiente mesa. Allí sí, el melón con jamón tenía jamón.

Estuve revoloteando de mesa en mesa saludando a quienes ya conocía, y presentándome a quienes aún no. Fue durante esos momentos que me comentaron que había interés en montar la mesa de traducciones en portugués. Cosa que de inmediato fui a confirmar y que dió paso a conversaciones que nadie espera en un evento como este… Nombres de pescado en portugués.

Estando en tan interesante conversación, vi a Pilar, más pa’allá que pa’acá, al borde de un ataque de nervios por tener que debutar ante tan selecto público. Nada que decir, yo preferí dejar el micrófono a Juan y que él presentase el día del contribuidor(gracias), más que nada por pereza. Siempre he preferido estar entre bambalinas que en primer plano.

Y llegó el gran día

No se por qué oí, o soñé o lo que fuere, que finalmente teníamos que estar allí a las 8 en lugar de a las 7. Por suerte para todos, dudé. Y a las 7:30 estaba por allí (debo una disculpa al equipo por ello).

Mientras unos colocaban los carteles, otros intentamos organizar el registro. Se formó un pequeño caos al principio, cosas que no supimos prever, pero en pocos minutos estaba resuelto. Y todo fue fluyendo con bastante agilidad.

Ya con calma, y superado el grueso del registro me dí una vuelta para tomar un café, comer algo y saludar a algunos. Lucía, me advirtió que no teníamos carteles con la WiFi. Fui a por ellos, por que sí los teníamos, y los fuimos colocando estratégicamente (vamos, los pegamos por ahí).

El resto del día trascurrió subiendo y bajando escaleras, recogiendo botellines, añadiendo carteles en cuanto detectábamos una falta. Miniconversaciones por aquí y por allá, ir a hacer una cosa, acabar haciendo otra y olvidarse de la primera…

¡Qué gran idea lo de hacer colas para la comida! Así, se dinamizó muchísimo el networking al no tener la boca llena para hablar.

Fregona para aquí y para allá, rellenar neveras… café, café, café. Una foto por aquí, otra por allí…

Sé que vi alguna charla casi completa, la de Caribay, la de José Freitas, la de Sabela Muñiz y la de Fernando Tellado.

After-party

Recogimos el tinglao y nos fuimos a casa a ducharnos. Y de seguido, a la calle. Al MoMa donde ya había muchos que habían empezado la fiesta. ¡Qué dolor de rodillas y de pies! Creo que la última vez que me dolieron tanto fue cuando hice el camino de Santiago.

Acabé sentado en un sofá, de charla con Irene y José Carlos, antiguos compañeros de clase con los que me reí mucho esa noche.

Me di cuenta que me estaba viniendo arriba (mientras estuviese sentado) y al día siguiente aún había cosas que hacer. Con lo que empecé la ronda de despedida, haciendo una parada previa para charlar con Ana Cirujano.

Llega mi parte. El día del contribuidor

Vale, vale, esta vez no fue culpa mía. Llegué a la hora marcada. Pero cuando llegué, me encuantro a Juan que me dice: «Faltas tú y ¡esto es el caos!». La gente del catering había montado las mesas del desayuno en la zona donde teníamos previsto montar las mesas de contribución.

Bueno, nos dimos una vuelta, abrimos unas aulas, bajamos las mesas plegables, regletas para enchufar lo portátiles y empezamos a mover mesas. En un momento, perdimos la cuenta. Pero nos repusimos y acabamos poniendo todo en su sitio.

¡Y la novedad! Es bastante común el tema de la dificultad que supone para algunas personas conseguir hacerse la cuenta de wordpress.org y seguidamente la de slack. No es especialmente difícil, pero se atraganta. Previendo esto pusimos una mesa extra.

Finalmente, me alegra decir que no hizo falta. Pero ahí estaba por si se hubiese necesitado. La idea era desbloquear las mesas de contribución cuando a alguien se le atragantase.

Desayunamos, confirmé la mesa de «Traduções PT» y le puse una banderita a cada cartel de cada mesa de traducción. Mis disculpas a la mesa de gallego por no haberme dado cuenta de escribir «Traduccións».

Ya entrando a la sala, Juan me pregunta cómo hacemos, y yo le digo: «La verdad es que si presentas tú, me haces un favor. Sin problema, pero no tengo nada preparado» (un agradecer que se hiciese con el control del micro).

Tras la charla de José Luis, seguramente mucho más emotiva de lo que pareció. Se presentaron las mesas, y nos pusimos a trabajar. Unos en las mesas otros intentamos que todo funcionase lo mejor posible. Y en los tiempos muertos, íbamos recogiendo cosas en la planta de arriba. Echábamos una mano a le gente del catering con las mesas y curioseábamos en las mesas de contribución.

Este año sí hubo cuchillos y cortapizza. Pero de casualidad. El señor presidente se dio cuenta y arranqué a casa a hacerme con tan necesarios utensilios.

Relax…

Todo se relajó después de la comida. Es la hora de la siesta y echamos de menos tener unos «sofases». Terminamos de recoger y fuimos poniendo cada silla y cada mesa en su lugar.

No se cómo fue el año pasado. Pero, este, creo que fue bastante fluido todo.

Recoger y bajar la basura, hacer inventario de la maleta (que cerró a la primera), ponerle la pegatina de las alas y… De pronto fui consciente otra vez del dolor de piernas, de pies y del cansancio general.

Aún estuvimos un buen rato con la charla post-after-WordCamp. Hasta que solo quedamos unos pocos de la organización haciéndonos fotos en el aparcamiento de la facultad. Cosa que, por lo visto llamó la atención de una patrulla de la Policía Nacional que paró para preguntarnos por la biblioteca… ya, sí, la biblioteca…

Los últimos en irse de PonteWordCamp
Los últimos en irse de PonteWordCamp

Conclusiones finales

En general, me siento muy contento de haber conseguido montar tantas mesas. De haber dado visibilidad a hosting y seguridad. Pero también de haber podido tener tres idiomas en la parte de traducción: español, gallego y portugués; y de haber dado la oportunidad a Mónica Villagrá de conducir su primera mesa de marketing. Y sobre todo haber podido formar equipo con gente tan dispar y a la vez tan implicada.

Unos pocos haciendo cosas, para que muchos se lo pasen en grande. Y creo que lo conseguimos con creces.

No maleta, no post en la página de wordcamp, no post en mi blog… Doy por terminada PonteWordCamp2019 para mi.

¡Un abrazo!

Nota final: ¡Cuántas cosas! Como me pasa siempre, seguro que dentro de un rato leo esto y veo cosas fuera de su sitio. Seguramente esto vaya cambiando en los días venideros.

2 respuestas a «PonteWordCamp. Por un cachito de pizza»

  1. Me encantó tu reseña Carlos. Coincido con la mayoría, que eso de que «eres un ignorante» es una buena frase para romper el hielo, pero demuestras mejor juicio que la mayoría.

    Tu trabajo fue fundamental para que pequeños aspectos y detalles hicieran una gran diferencia en la PonteWordCamp, tanto los días de charlas, como el contributor day.

    Juan fue muy astuto y tu fichaje fue increíble. Sin tus ideas e iniciativas, muchas cosas se habrían quedado a medio camino. Fue una pasada compartir trabajo contigo este año y ya veremos la que montamos para la siguiente. 😉

    Un gran abrazo y ya compartiremos tortillas, pizzas o lo que toque.

  2. Muchas gracias por tu comentario, «presi».
    Tener a alguien medio-desocupado, pero con muchas ganas de hacer posibilita el que tiene tiempo para preocuparse por detalles que, desde primera fila, pasan desapercibidos. Creo yo. Y yo, ganas de meterme en fregaos, y que los fregaos funcionen, siempre tengo.
    La siguiente más. Ya veremos si mejor, nos lo hemos puesto complicado.
    ¡Un abrazo!

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