Nos exigimos demasiado

Hoy, mientras desayunaba, me he puesto a leer la newsletter de enlace permanente, que Juan Hernando intenta hacernos llegar cada viernes tempranito para informarnos de las novedades en el mundo WordPress.

Lleva unas semanas sin conseguirlo. Algo que, es comprensible. Ocurren circunstancias que cambian las prioridades: carga extra de trabajo, enfermedad, que no te apetezca… Porque estas cosas salen bien, si te apetece hacerlas, si no, malamente.

En esta ocasión nos comenta como, con la idea de crecer, comenzamos a exigirnos a nosostros mismos hasta puntos en los que ponemos en peligro nuestra integridad mental. Y es verdad. Además de la exigencia que implica seguir siendo competente el en trabajo de cada día, nos creamos otros objetivos, entre lo personal y lo profesional, que nos suponen un esfuerzo extra, y podría decirse que innecesario, cuando ya estamos agotados.

A mi me ocurre, y ni por asomo creo que me esfuerce tanto como otros.

Una WordCamp no termina…

Después de la WordCamp de Madrid, incluso estando allí ha intentado ponerme a redactar mi experiencia en el evento. Como si fuese una obligación. Sumado al trabajo, del que suelo regresar bastante agotado mentalmente, asistir a otras dos meetup esta semana, intentar organizar una pequeña fiesta de cumpleaños, y saber que tengo pendientes unos cuantos trabajos del ciclo formativo… Se ha convertido en un motivo de ansiedad en lugar de algo que disfrute haciendo en mi tiempo libre. Y esto, hace que pierda la gracia.

Trabajando en los bares

Estando en alguna conversación de estas que surgen en los bares, he llegado a comentar «Joder, es que quedamos para seguir trabajando, en lugar de desconectar».

Aprovechamos esos momentos, de «ocio», para obtener ayuda sobre ciertos temas, discutir sobre nuestros proyectos o incluso proponernos otros nuevos. En lugar de desconectar, nos añadimos nuevas tareas a la espalda.

Bajar el ritmo para vivir mejor

Hace unos meses decidí que iba a relajar la marcha, tenía varios frentes abiertos y ya me había dado cuenta que para lo único que no tenía tiempo era para mí mismo. Y aunque lo intentase, mi cabeza siempre estaba pendiente de lo que me quedaba por hacer.

Aún así, me vinieron varios compromisos extra que aumentaron, todavía más, las tareas de las que estar pendiente.

Terminando las tareas pendientes

Nada, ya voy terminando esta reflexión. Quizás tenemos que empezar a valorar más el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos, a disfrutar, y dejar de comprometernos a más de lo que podemos, realmente, abarcar.

La entrada sobre WCMAD, queda oficialmente pospuesta hasta que tenga un ratico en el que realmente quiera escribir sobre ello, y ahora cierro este post para, usar el tiempo que queda en hacer la cama, que con esto de estar corriendo de un lado para otro, es una de las tareas que siempre se queda sin hacer.

¡Un abrazo! Y relax.

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