Así viví WordCamp Granada 2018

Siempre es complicado empezar a escribir. Máxime cuando no estás muy acostumbrado a ello.

Una primera reflexión.

En mi segunda WordCamp me doy cuenta de la cantidad de cosas que pueden suceder en un solo día. Conoces gente nueva, conoces en persona a otra gente con la que puede que ya hubieses discutido algún tema en algún rincón de Internet o bien que, sin saberlo, te ha sacado de más de un marrón gracias a su blog o a su contribución al foro de soporte.

No menos importante, refuerzas lazos con esos con esos con los que te vuelves a encontrar después de unos meses. Con esos con los que, habiendo coincidido, aún no habías mantenido algo parecido a un diálogo. Y estrechas lazos con aquellos con los que compartes viajes, o una habitación airbnb.

Cada día estoy más convencido de que a las meetup de WordPress y las WordCamp uno viene por aprender algo más, y se queda por las personas.

Luego de asistir a la WordCamp de Pontevedra, y pese al cansancio, me quedaron ganas de más. La de Barcelona, un par de semanas o tres más tarde, se me antojó excesiva pero Rocío Valdivia me dejó medio convencido para a sistir a la de Granada…

El viaje a Granada

Ya lo tenía yo medio apalabrado con José Luis que, aunque finalmente me dejó un poco en la estacada al decidirse a viajar desde Canarias, intercedió y facilitó que viajase acompañado por Iván y Juan. Algo tranquilizador para uno que, por primera vez, iba a despegar los pies del suelo y subirse a un avión.

De modo que pedí una semanita de vacaciones, más el viernes, 16 para hacer el viaje. Otro compañero propuso que tras las WordCamp, podríamos visitar Sevilla. Me pareció buena idea.

Al aeropuerto

El 16 por la mañana me encontré con Juan en la estación de tren de Pontevedra. Íbamos a Santiago donde Iván nos recogería para ir al aeropuerto.

Efectivamente, a la llegada allí estaba. Subimos al coche, y rumbo al aeropuerto. Ví cómo preparaban las bandejas abrigos y equipaje para pasar el control de seguridad. Como buen monito, copié dicho comportamiento. Al pasar bajo el arco, sonó la campanita, metí la mano en el bolsillo, y noté que me había dejado unas monedas. Pero, resultó ser un test aleatorio.

Pasado el control, «¡Hala! ¡A esperar dos horas!». Aprovechamos para comernos un bocadillo y comentar diversas hazañas hasta el momento del embarque.

El avión y la niña agradable

En el avión una agradable niñita comentaba en voz alta las virtudes del avión: «¡Hay bolsas para vomitar!», «¡Huele raro! ¿Se estará quemando algo papa?». Como los peores desastres ya los había asumido, empecé a plantearme si habría sido buena idea comerme aquel bocadillo.

Uno se marea, principalmente al perder las referencias. Estando en el pasillo, referencias, cero. Recordé que con los ojos cerrados en el autobús tampoco tenía referencias y no me mareaba, cerré los ojos, y a volar. No me dormí, pero casi.

El bus a Granada

Tras aterrizar en Málaga, Juan e Iván esperaban mi aparición por la puerta, y de allí a esperar al autobús que nos llevaría a Granada. Durante el viaje, sin otra cosa mejor que hacer, también dormí.

Llegada a Granada. ¡Cuánta gente por la calle!

A la llegada a Granada fue cuando caí en la cuenta de que iba acompañado de un patrocinador, un ponente y un voluntario. De la gente con quien venía era el único que no tenía una cena programada: «Bueno, llamo a Jose Luís, voy a por las llaves, y me como un bocata en el piso». Él tampoco había previsto este escenario e intentó obtener información sobre una «cena de no-ponentes» que se había organizado esa tarde durante el contributor day.

Finalmente, me llama y me dice que me voy con ellos a la cena de ponentes, como acompañante. Aunque no me hace mucha gracia meterme donde no me corresponde, aunque  no lo parezca, eternamente agradecido.

La cena de ponentes

El sitio, inmejorable, unos jardines con vistas a la Alhambra. Allí empiezo a encontrarme con algunas personas conocidas y con otras que aún no conocía.

En un momento dado nos damos cuenta de la hora, al día siguiente hay que madrugar y nos vamos despidiendo de la gente haciendo algunas pausas más largas entrando en conversaciones que parecen no terminar nunca.

Ya al salir, siendo cuesta abajo, todo parece más fácil pero mi acompañante anda, según el momento, un poco más lento que los demás.

Intentamos contactar con la vanguardia de la expedición pero éstos se encuentran a leguas de distancia, donde el sonido de los teléfonos móviles se disipa con celeridad y presteza y no atienden a nuestras llamadas. Salgo a galope a alcanzar a los más adelantados quienes, además, alojan mi equipaje en su habitación de hotel. Dejando a mi acompañante a la espera de un taxi que finalmente no pidió.

El secuestro de José Luis

Es al regreso, en un portal de una escondida calle de Granada, cuando me entero, según sus palabras, que dos mujeres lo han secuestrado y se lo han  llevado a un bar. Pese a que estaban a punto de echar el cierre, accedieron a servirnos la penúltima. Conocí allí a Sacra y Sonia, con quien creo recordar que conversé sobre redes sociales, marketing o algo por el estilo.

Tras las despedidas, nos marchamos por fín a descansar. «La alarma sonará en tres horas y cincuenta y ocho minutos» me informó José Luis.

Poco iba a importar eso poco después cuando, de pronto me desperté y ya no dormí en toda la noche.

El día grande de la WordCamp Granada

Pese a que el día anterior tenía intención de acompañarle en su tarea de volunario, no fui capaz. Puse el despertador y fui capaz de dormitar una hora.

Ducha, vestirse, y tras confundirme un par de veces de calle, llegué al palacio de congresos. Dispuesto a tomarme un «cafesito».

¡EPIC FAIL! A primera hora, !no había café!

Me encuentro con Juan. Dice estar esperando a Iván, que se ha enredado en una conversación con alguien, para ir a tomar un café a algún lado. No nos dio tiempo y entramos a las ponencias con cara de sueño pero mucha ilusión.

Tras la presentación y la actuación estelar de Fran Torres con la que nos hirvieron las manos de aplaudir, comenzaron las ponencias.

Fueron más provechosas para mí unas que otras pero, con el tiempo que hay es difícil ofrecer más que unas pinceladas con brocha gruesa para según qué temas.

La primera dosis de café llegó como agua de mayo después de las dos primeras ponencias. Mientras disfrutábamos de un necesario café, alguien, una arquitecta, nos abordó y nos hizo una entrevista completa acerca de las construcciones en Galicia, así como de nuestra opinión acerca de la influencia del clima sobre la personalidad de la gente. Poniendo en marcha la maquinaria pseudofilosófica que solo aparece cuando tengo mucho sueño y tomo café expuse mi visión del cosmos.

Se nos sumó poco después otra chica, desarrolladora.  A quien estuve convenciendo para que acudiese a la meetup de WordPress más cercana que tuviese y con quien asistí a las siguientes ponencias.

Arquitectos, desarrolladores, community managers, autónomos, trabajadores por cuenta ajena, expertos en markting, en SEO, etc. En la comunidad de WordPress cabemos todos y esto hace muy difícil que no aprendamos nada en uno de estos eventos.

A veces aprendemos nuevas habilidades o nuevas herramientas; aprendemos de las experiencias que otros comparten; nos enriquecemos con la experiencia y problemas que otras disciplinas generan en relación con el mundo de Internet en general y de WordPress en particular.

En ocasiones, en una WordCamp aprendemos más sobre nosotros mismos y lo que podemos aportar a los demás, que de las propias ponencias.

Durante la segunda ronda de ponencias, esa única hora de sueño hizo que casi me cayese dormido pese al espectáculo de psicodélico de con el que  nos deleitó Javier Casares. Mientras se preparaba el siguiente ponente, salí como un tiro a buscar café. No había pero un refrescón de cara me permitió seguir la siguiente ponencia.

Pese al sueño, fue en ese momento cuando descubrí que ponentes, «curtidos en mil batallas», aún se ponen nerviosos cuando se acerca la hora de subirse al estrado. Gracias por vuestro esfuerzo.

A tomar el sol, por los ojos, a la azotea.

Antes de permitirnos empezar a comer, subimos a la azotea para hacernos la foto de grupo.

Con el sol de frente cegándonos a todos, de pronto empezaron a volar patitos de goma como si fuesen caramelos en la cabalgata del día de Reyes.

El patito de goma visita, unos días más tarde,  la Torre del Oro en Sevilla.

La hora de comer.

Hubo de todo una ronda de picoteo variado, paella, y fruta. La paella es uno de esos platos que no me apetece nunca de modo que ni la probé, no puedo opinar sobre ella. Sobre el resto, sí, muy bueno todo.

Tras deambular medio zombie durante un rato en el que no sé muy bien como, conseguí interactuar un mínimamente con alguien, comenzó una nueva ronda de ponencias.

Seguimos con las ponencias

En estas entendí, entre otras cosas, que el diseño no es que algo sea más o menos bonito sino que cumpla su cometido de la forma más eficientemente posible. Terminando esta ronda estudiando que invertir tiempo en crear una guía de estilo para aunar la manera de trabajar de desarrolladores de diferentes orígenes termina siendo muy provechoso.

Visto lo visto, en la merienda no me conformé con uno. Necesité dos cafés. Por fin conseguí activarme, saludé a algunas personas que me quedaban pendientes, y me hicieron una entrevista corta, pero muy intensa ;P.

Los últimos coletazos

Pablo Moratinos nos habló, a continuación, de la terna: relevancia, valor y acción que ayuda a optimizar los ratios de conversión en campañas de márketing online.

Y terminamos con Juan Hernando. ¡Vaya un personaje! En las dos últimas de sus ponencias me ha dejado con cara de bobo. En esta ocasión se encarnó en ciudadanoboina, un paisano que vino a través de un portal desde una realidad paralela para hacernos conscientes de los problemas de depender de servicios de terceros, como las redes sociales, como base para publicar nuentras cosas, personales o empresariales. Y cómo es mucho más sabio invertir en una plataforma, como WordPress, que nos permite tener el control real sobre nuestros contenidos relegando el papel del resto a la captación de visitantes o difusión de nuestro blog.

Terminadas las ponencias, una mesa redonda dirigida por Juan Hernando y con la participación de Rocío Valdivia, Fernando Puente y J.J. Merelo, pone en relevancia los problemas que la falta de neutralidad en internet acarrea, así como los beneficios asociados al uso de software libre.

Despedida, cierre y muchos aplausos. Al salir a los pasillos me encuentro con Rocío Valdivia que me presenta a, creo,  los organizadores de WPChiclana.  Lo siento, a esas horas mi capacidad de retención y procesamiento de información estaba bastante alterado. De tal forma que, alguien vino a decirme, «Ven a hacerte una foto», y cuando reaccioné, minutos más tarde, acabé colándome en un par de fotos sin darme cuenta de que eran las de los voluntarios. Mis disculpas por ello, y mi agradecimiento por no patearme el trasero.

Cena, after party y buena compañía

Después de asearnos nos fuimos a un bar, en el que ya esperaban algunos. Llenamos el local y el camarero estaba abrumado al tener que atenter a tanta gente a la vez. Incluso hubo alguna confusión. De ahí al siguiente,  donde empezamos comiéndonos unas alitas de pollo acompañadas con una cerveza. Decidí dejar un poco a los de siempre e incorporarme a la conversación que Beatriz Lavela, Rocío Valdivia y otras tres personas, de las que no recuerdo su nombre (¡que triste!), mantenían en una mesa un poco más apartada del resto. La temática, de lo más variopinto, desde películas malas hasta los orígenes de cada uno, descubriendo, nuevamente, que el mundo es un pañuelo, un pañuelo chiquitín.

Continuamos hasta Neptuno 365 donde nos esperaban el resto de los que aún tenían fuerzas para continuar la fiesta. Por el camino, recuerdo hablar con J.A. Vidania sobre geografía relativa; países que son capitales de ciudades y otras absurdas curiosidades variadas.

En algunos momentos nos sentimos realmente en casa.

En este local, la música alta y el cansancio me hicieron plantearme qué hacía yo allí. Hasta que decidimos salir y sentarnos a hablar en un banco.

Pronto vimos salir a unos cuantos más, que parecían haber pensado lo mismo que nosotros y querían hablar más y gritar menos. Nos unimos a ellos y continuamos hasta el siguiente bar, ya el definitivo esa noche, donde terminaríamos las conversaciones y nos despediríamos hasta la siguiente.

Street networking & tapas

Un mensaje de Telegram me saca a patadas del sueño al día siguiente. Los organizadores están a tope recordándonos nuestra cita para callejear por la ciudad y conocer algunos de sus rincones más destacados.

Llegamos puntualmente tarde y nos explican el juego. Formamos grupos reducidos y tenemos que visitar y fotografiarnos en los diferentes puntos marcados. Para empezar con fuerza, nos ofrecen agua y palmeritas. Después de una noche como la anterior, el agua nunca viene mal.

Un par de horas más tarde, con Granada un poco menos desconocida, nos reunimos todos de nuevo para comer. Como somos muchos y no hubo manera humana de juntar las mesas suficientes para todos, tuvimos que repartirnos en grupúsculos WordCamperos a lo largo y ancho del local. Allí me pude seguir conociendo más gente de la comunidad WordPress que venían incluso desde Canarias o Barcelona.

Y llega el final…

La despedida se alargó. Ya llevaba un rato lloviendo y los taxis parecían haber desaparecido de la ciudad. Tras un buen rato intentando contactar para pedir un taxi, tuvimos que tomar la decisión de si mojarnos, o quedarnos allí para siempre. El piso donde nos alojábamos estaba bastance cerca por lo que optamos por mojarnos. Ahora, solo quedaba intentar secar la ropa y pedir un taxi con suficiente previsión para poder llegar a la estación con tiempo para subir al autobús que nos llevaría, al pato de goma y a mí, a Sevilla desde donde, después de pasearla, tomaría el avión que me trajo de vuelta a casa, con un catarro de recuerdo.

Y nada, ahora hay que ir haciendo cuentas para la próxima.